miércoles, 27 de julio de 2011

"¿Sobre qué escribo hoy?"

Y bueno, heme aquí. 11 pm y aún no he tenido ni la sombra de una de esas ideas brillantes que aparecen como pop-ups en mi mente para mi blog. "¿Sobre qué escribo hoy?". Es lo que muchos bloggeros (escritores es una palabra muy pretenciosa) nos preguntemos cada día, o cada vez que pasamos el cursor delante del cuadradito "nuevo post"... Y pensamos "¿qué podría ser tan interesante como para contarle al resto de la humanidad?"

Realmente, ésta es una de las razones de mi falta de regularidad al escribir: la falta de algo interesante que contar.

Sin embargo hay personas que escriben a diario, incluso más de una vez al día, y a pesar de eso encuentro sus entradas ¿muertas? ¿vacías? ¿insípidas? ¿aburridas? ¿inexpresivas?. Pocas veces me sorprende lo que leo, algo que de verdad me haga decir WOW. Y no porque a mí me guste únicamente, sino porque al leer, te hace pensar en ello de verdad, reflexionar y darle mil vueltas a lo que se esté leyendo.

He leído muchas entradas en muchos blogs y sin embargo pocas consiguen decir algo que de verdad me parezca profundo, algo que el autor sienta de verdad. Por supuesto yo no soy quién para juzgar, pero parece un "escribir por escribir", sin tener nada que contar, lo cual al final ha conseguido sacarme de quicio, porque al final la entrada resulta estar vacía de contenido y digo "¿en qué acabo de perder mi tiempo?".

Repito, no soy quién para juzgar ni me estoy metiendo con la forma de escribir de cada persona, porque no todos nos expresamos igual, sino con los temas elegidos. A veces se nota, claramente, que de lo que hablas realmente te viene dando igual (y probablemente yo también publiqué o publicaré ese tipo de posts, no digo que no), pero sencillamente no termino de entender el por qué la gente se vende por unos pocos comentarios más o por unas cuantas visitas a su perfil. ¿De verdad merece la pena escribir sobre cosas irrelevantes con tal de conseguir seguidores? ¿De verdad la gente disfruta escribiendo sobre eso? ¿Realmente merece la pena escribir sin ganas de hacerlo? ¿Puede salir algo bueno de eso? Mil ideas que se asoman a mi cabeza.

Expresarse no es una obligación en ninguna etapa de la vida, sino una necesidad, o en todo caso un placer. Así lo veo yo, y bueno, si alguien podría responder a mis preguntas retóricas, espero la respuesta de buena manera. Mientras tanto, diré que prefiero escribir poco, pero hacerlo de verdad, de corazón.

PD: Sé que soy muy crítica, pero a eso me refiero, a decir las cosas tal cual se piensan. Sin superficialidad, o como dice un amigo, sin disfrazar todo con palabras bonitas que al final no te dejan nada. 

viernes, 15 de julio de 2011

Autosuficiencia

Siempre había querido ser auto-suficiente. Para mí eso significaba gozar de independencia en todos los sentidos. Saber que puedo vivir sola y no echar de menos la compañía, o no sentirte incompleta sin una pareja al lado. Al que es auto-suficiente le basta con lo básico para sobrevivir, porque el resto lo suple con ingenio, buena cara y cierto conformismo (en el buen sentido)
Pero hubo un lapso en mi vida, corto pero doloroso, en el que realmente empecé a creer que podía hacer todo por mi cuenta, que era auto-suficiente y que no necesitaba de nadie. 
El principal problema de ser auto-suficiente es que caes en un mezquino noviazgo con los libros, las películas y el Internet (en mi caso) y me olvidé de todos. No fui capaz de relacionarme con otras personas porque sencillamente estaba llena de mí misma, centrada solo en mí. No me sentía estúpida, pero sí prefería mantenerme alejada de los demás. Mis estados de ánimo eran inestables, y desconfiaba de todos. Estaba mucho más allá de la arrogancia. Me arriesgué a ser insoportable tanto como mujer y como persona, y de hecho, en muchos casos lo fui.

La respuesta es que durante una corta parte de mi vida no estuve pensando en nada que no fuese yo misma. Olvidé que la autosuficiencia en su totalidad no existe, y que encontrar el equilibrio no es fácil para nadie. Muchos dicen que para afrontar un problema primero se debe reconocerlo, y en mis cortos 16 años de vida no pudiese estar más de acuerdo. 

jueves, 7 de julio de 2011

Katzenbach.

No sé si fue mi mamá, mi papá, o algunos de los monstruos que tengo por hermanos, pero el caso es que hace 3 o 4 semanas me desperté a eso de las 10 am, y era uno de esos domingos de no hacer nada más que comer y pestañear, y me encontré con este libro justo al lado de mi, muy bien envuelto y con un cartelito que decía “para Daniela”. Me molesta decirlo pero suelo leer libros generalmente dependiendo de quién los escriba, puedo ser muy selectiva en ese aspecto, así que cuando leí "Katzenbach" (para el momento nunca había escuchado de él) lo primero que se me ocurrió fue que iba a ser otro de esos aburridos thrillers estadounidenses que dejas a la mitad porque nada te causa más fastidio que leer otras dos páginas de esa tortuosa lectura, pero nada me sorprendió más que cuando vi que se titulaba La Sombra, y tenía un dibujo sangriento, digamos. Así que me propuse leerlo. 


Puedo decir, hoy, que Katzenbach es, sin duda alguna, mi escritor-guionista preferido. Mi parte favorita de sus libros es que siempre te mantiene a la expectativa y en tensión a lo largo de todos los capitulos (así debería ser con todos los libros. ¿No es así como funciona esto?Pero no fue hasta esta mañana que me di cuenta de algo...


Me encontraba en cierto café, un poco distante, distraída. El ambiente del lugar no era específicamente lo que yo llamaría silencioso, pero de alguna manera escuché la puerta y cuando volteé noté a este señor bastante parecido, por no decir igual, al de uno de los libros de este autor. Creo que estuve 5 o 6 minutos montando toda una película en mi mente de lo que podría pasar. Lo imaginé como un asesino en serie, pero luego recordé que los asesinos en serie sencillamente no entran a cafés a pasar el rato, así a la intemperie. Así que lo imagine como un secuestrador cualquiera, o a un antiguo perseguidor de la Gestapo, pero el hombre parecía bastante despreocupado, y al ver que no tenía indicios de estar en la búsqueda de alguien automáticamente borré la imagen de mi cabeza. En ese momento cuando el hombre se da cuenta de que lo observo, me clava sus ojos negros, y debo admitir que sentí miedo. Tuve que desviar la mirada.


"Daniela, ¿DANIELA?..." Mi mamá tuvo que despertarme de este sueño perturbante en el que me hallaba. ¿Como era posible que un simple libro se me metiera de esta forma en la cabeza? Y no fue si no hasta ese momento que descubrí que leer a Katzenbach me pone paranoica. 

miércoles, 6 de julio de 2011

Sin ánimos de ser pesimista.

Principalmente no tengo idea de porqué creé éste blog. No suelo escribir. Por ende, no soy la mejor expresándome, algunas veces por mi terquedad, otras sólo por naturaleza. Lo que sí sé es que que me ha traído una entorpecida cadena sin fin de problemas (cosa de la que hablaremos mas adelante si sigues leyéndome, aunque no te culpo si no quieres hacerlo. Suelo ser extenuante, y no en el buen sentido de la palabra). Probablemente ya leyeron el titulo de mi blog así que siento que les debo una explicación.

Los post-it mentales. Pues sí, todo este asunto tiene que ver con el hecho de que mi memoria es la de un caracol retrasado. Jamás puedo recordar nada. Al principio mis papás lo intentaron conmigo (no los culpo), creyendo que se debía a la pre-adolescencia, pero no estaban ni cerca. Resulta que nunca he tenido buena memoria, y por los vientos que soplan, es algo con lo que voy a tener que limitarme a vivir. Suelo hacer notas en algunos cuadernos para luego revisarlos y recordar, pero resulta que también se me olvida revisar esos. Y cuando me propongo recordar revisarlos, entonces se me olvida recordar revisar el cuadernito donde anoté todo lo que debía recordar. No tiene caso. Pointless. Así que en medio de esta tortura en la que me encuentro, decidí crearme un blog por el simple hecho de que la adolescencia me ha dado (dicen que a todos nos ataca de manera distinta) por trabajar como loca. Y ya que generalmente lo hago en la computadora, pues "me puse los pantalones" y decidí unirme a esta manera de vivir por que sé que es algo que recordaré todos los días. 

No tengo ínfulas de escritora, y de hecho, jamás me he considerado una. Leo bastante, pero escribir no es lo mio, y estoy casi convencida de que no se me da muy bien. Soy de esas que en las cartas del día de las madres pone "Feliz día" y un millón de dibujos, porque si me preguntan, prefiero llenar todo de temperas y letras recortadas de revistas hasta que no quede ningún espacio libre de color. 

Sin embargo, aquí estoy. 

Aquí pretendo expresarme, algo que jamás he logrado hacer de manera exitosa y que no hago a menos que sea estrictamente necesario, y aunque no tengo grandes expectativas, espero que me leas y te quedes por aquí, acompañandome.