Siempre había querido ser auto-suficiente. Para mí eso significaba gozar de independencia en todos los sentidos. Saber que puedo vivir sola y no echar de menos la compañía, o no sentirte incompleta sin una pareja al lado. Al que es auto-suficiente le basta con lo básico para sobrevivir, porque el resto lo suple con ingenio, buena cara y cierto conformismo (en el buen sentido).
Pero hubo un lapso en mi vida, corto pero doloroso, en el que realmente empecé a creer que podía hacer todo por mi cuenta, que era auto-suficiente y que no necesitaba de nadie.
El principal problema de ser auto-suficiente es que caes en un mezquino noviazgo con los libros, las películas y el Internet (en mi caso) y me olvidé de todos. No fui capaz de relacionarme con otras personas porque sencillamente estaba llena de mí misma, centrada solo en mí. No me sentía estúpida, pero sí prefería mantenerme alejada de los demás. Mis estados de ánimo eran inestables, y desconfiaba de todos. Estaba mucho más allá de la arrogancia. Me arriesgué a ser insoportable tanto como mujer y como persona, y de hecho, en muchos casos lo fui.
La respuesta es que durante una corta parte de mi vida no estuve pensando en nada que no fuese yo misma. Olvidé que la autosuficiencia en su totalidad no existe, y que encontrar el equilibrio no es fácil para nadie. Muchos dicen que para afrontar un problema primero se debe reconocerlo, y en mis cortos 16 años de vida no pudiese estar más de acuerdo.
Oye que bueno
ResponderEliminarkiss
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